LA POESÍA COMO PROCESO CREATIVOAl zarpar
La vida es para vivirla,
dijo, mientras clavaba una mirada fría
sobre el mar gris pizarra y el cielo que se arremolina.
Caballos blancos reventando,
golpeando, bramando,
salpicando.
La espuma salada quedándose en sus labios curtidos.
Las grietas y hendiduras de su rostro,
nuevas marcas sobre una superficie gastada,
erosionada por los años,
por el viento, por el agua.
Tienes que hacer lo que tienes que hacer.
Eso me dijo mientras yo permanecía temblando,
no por el frío,
sino por el asombro y el miedo,
confundido ante aquella ternura inesperada
de aquel hombre tantas veces cruel,
de pie a mi lado.
Una sensación extraña
antes de partir hacia una tierra extraña.
Pero no olvides esta tierra.
Su advertencia llegó al fin,
como yo esperaba.
Muchas veces antes me había rechazado
aquel hombre tan duro y frío
como la tierra bajo nuestros pies;
un hombre tan blando y frágil
como yo,
todavía un niño.
Y no olvides el mar.
Las palabras de un maestro ahora:
todo lo que aprendió,
ganado a fuerza de noches sin descanso,
de tormentas y peleas interminables
con nudos y redes.
Su salón de clase,
un espacio mojado, acuático,
donde aprender a pensar.
Bien sabes que yo hice lo mismo a tu edad.
Una especie de bendición,
mientras sus manos, grandes como palas,
caían suavemente sobre mi hombro.
Nunca antes me había sentido tan viejo
como en aquel instante.
Nunca antes me había sentido tan joven
como ahora,
con el océano sin edad frente a mí,
mostrando su poder.
Y no mires atrás al zarpar,
al pasar aquellas rocas
que yacen allá, más allá.
Y no te dejes engañar
por sueños de oro,
por promesas vacías
ni mujeres de maravilla.
Porque en tu corazón llevas tu único hogar.
Guárdalo cerca,
guárdalo a salvo.
Y recuerda esto, hijo mío,
mi único hijo:
el hogar no es un lugar.
El hogar es donde vuela el espíritu
cuando contienes el aliento
y cierras los ojos.
Y la familia verdadera
nunca muere de verdad.
Solo se hunde más profundo
con el tiempo.
Así que no temas ahora que zarpas
hacia tierras de esperanza y gloria.
Tú eres el escritor,
el poeta,
el dramaturgo,
el creador de tu propia historia.
Lleva contigo todo lo que has aprendido,
todo lo que has oído y visto,
y muéstrale al mundo
que tú eres yo.
Y aquí esperaré.
Junto al mar.